
Y bien, Marianita me ha pasado una tarea que respondo a continuación.
El ejercicio consiste en hablar de cinco hábitos raros… ¡ojala sólo tuviera cinco!, cabe mencionar.
Pero está bien, acortaré la lista y dejaré sólo los solicitados.
Uno. Tengo implantado un chip ortográfico en el cerebro... seguro fueron los marcianos, o las monjas. Está medio defectuoso y de pronto tengo dudas entre una letra y otra, pero me hace estar al pendiente de los errores ortográficos en todos lados: lo que yo escribo, el periódico, los libros, los anuncios en las calles, ¡hasta del graffiti!. Sencillamente no lo puedo evitar.
Dos. No uso ningún aderezo o salsa cuando como. De tal modo que, las hamburguesas son sin catsup, los sándwiches sin mayonesa, las ensaladas sin ranch o mil islas, los tacos sin salsa, etc. Y realmente los disfruto así.
Tres. Invariablemente traigo el libro “en turno” guardado en la bolsa. Es el elemento más importante cuando me preparo para salir, lo guardo antes que la cartera, los chicles o las llaves de mi casa. Últimamente, intento dejarlo cuando voy a lugares donde sé que no lo podré ni abrir… pero, no he tenido tanto éxito como esperaba.
Cuatro. No me gusta ir de compras ni a los grandes almacenes, ni a los outlets, ni a las zapaterías... de verdad no. El paso del tiempo, y la necesidad, han hecho que aprenda a hacerlo sin que se note que estoy muy incómoda.
Pero la realidad es que, si tuviera a alguien que llegara a mi casa y me dijera: “toma, aquí tienes ropa de tu talla para todo un año”, me haría la mujer más feliz del mundo.
Curiosamente, disfruto ir al supermercado. Tiene un efecto relajante en mí.
Lo sé... éso también es ir de compras, será que me gusta cocinar, y elegir yo misma lo que utilizaré en la cocina :P
Cinco. Busco cada noche a la luna. De alguna manera, me reconforta saber que está ahí. En cuanto empieza a oscurecer, volteo al cielo para saber donde está, como en una especie de saludo.
Y particularmente, la luna llena, tiene un efecto hipnotizante. Cual palomilla frente a una lámpara, puedo quedarme observándola por horas.
¡Listo!, he terminado.
Cabe aclarar que el proceso de selección fue a base de intentar recordar lo que, en algún momento, alguien llegó a opinar de tal o cual hábito.
De tal modo que frases como:
“¡Qué exagerada!, ¿quién se va a fijar si era con ‘y’ o con ‘ll’?”,
“¿No le vas a poner nada… nada?, ew!”,
“Deja de ver la a luna, y hazme caso… que te estoy hablando”,
“¿Y exactamente para qué te trajiste un libro a la cena?”, y
“Tenemos apenas cinco minutos en la tienda y ya te quieres ir… ¿qué prisa tienes?”…
fueron de gran ayuda para saber cuáles subir al post.